Sentimientos surgían bajo una ligera estela de luz.
Ella y yo, desnudados sobre la cama, sintiendo el calor de la propia vida.
Haciendo funcionar cada parte de nuestro cuerpo; dando trabajo a nuestros órganos internos. La energía fluía como una corriente de agua a través de nosotros. Las respiraciones entumecían el exterior. Todo era en ese momento, la unión entre tú y yo, renunciando a los otros.
Serena estaba tu mente. Tu paz reencarnaba en la expresión de tu mirada.
Esos ojos me bastaban para comprender tu nivel astral. Ese cálido aliento me demostraba que deseabas rebasar un estado emocional. Era la fusión de las almas la que manejaba mis acciones. Las personas no eran más que organismos inferiores.
Llegaba a pensar superiormente en el cielo; creo que me entendías. Las palabras no eran pronunciadas, sólo recibidas. Preferíamos permanecer en el silencio confidente, que guardaba todo en secreto.
No había mentiras bajo la carne que no se revelaran en la intimidad. El resto de las verdades se deshacían de la vanidad.
Al fin, puro amor sin escrúpulos. Al fin, la pasión demostraba su importancia.
Por fin tú y yo éramos uno. Por fin, juntos fuera del mundo.