Aún llevo conmigo el pasado hiriente que atacó a mi corazón, estoy enferma de algo que no tiene cura, sólo se puede controlar.
Estaba tan indefensa, tan desprotegida... cuando el dolor invadió a mi corazón, no tenía armas para defenderme, mi sistema inmunológico se había desintegrado con tus palabras. La sorpresa me impactó, mi sangre se congeló y en pocos segundos ya estaba muerta.
Ahora sólo soy... una vida muerta. A mi cuerpo le falta color, mi corazón bombea sangre negra, bajo una aparente sonrisa se esconde un mar de lamentos, a mi alma... le faltas tú.
Pastillas de incredulidad me auto receté, una porción de falsas ideas cada vez que el resentimiento asechaba de nuevo. Tantas medicinas me cegaron, me hicieron creer que por fin me había librado de una condena de profunda tristeza.
Pensé en atacar al culpable de mi enfermedad, esperando que si acababa con quien me contagió, mi enfermedad también terminaría, pero tarde o temprano me di cuenta de que los resultados no eran favorables.
Deseaba tanto un escudo blindado para mi corazón antes de que éste terminara convertido en polvo, así que traré de construirlo con pedazos de rencor, pero su resistencia duró muy poco, y al desmoronarse, los fragmentos regados se incrustaron en mi disfuncional corazón.
Heme aquí sumergida en un balde de mi propia sangre, y lo único que logré fue salpicarte de ella. Ahora solamente floto en la desolación, prendiendo de un hilo entre tu llegada... para salvarme, o la de los cuervos... para devorarme. Sea quien sea quien llegue primero... porfavor... llegue pronto, que no puedo aguantar por mucho tiempo la respiración.
El gusano del desamor está saboreando mi corazón, y si esto no para deberé ingerir una bomba de tiempo, cinco minutos y podré despedirme de la vida para saludar a la muerte, después de todo, sólo el dolor de una enfermedad me separa de ella.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario